Instrumento.
Destinado a obedecer.
Instrumento.
Que una canción melancolica toca.
Instrumento.
De cuerdas rotas y desafinado,
un instrumento desterrado del eden,
un instrumento perdido en la niebla.
Entre la oscuridad duerme,
callado,
pero rebosante de energia,
un músico que lo toque.
Hasta un simple objeto siente y transmite melancolia,
sus suaves notas
vuelan lentas,
vuelan libres,
vuelve a vivir,
para volver a morir.
Olvidado será,
perdido volverá a estar,
solo y durmiendo de nuevo.
El instrumento de la tierra,
El instrumento del corazón.
Una niña,
de dulce sonrisa busca un juguete
y lo encuentra,
tirado
y roto.
Lo mira,
lo observa
y decide llevarselo.
Poco a poco
lo limpia,
lo afina,
lo toca,
y por una vez,
desde hace eternidades
este viejo instrumento se vuelve a sentir vivo,
por una vez,
desde hace siglos
este viejo objeto vuelve a cantar.
Sus notas vuelven a salir de él
como un canto célebre
que alegre de volver a su mundo
se dispersa
hasta perderse en la niebla.
Días alegres, siendo usado.
Dias felices, estando vivo.
Pero la niña que un dia lo encontró
ahora una mujer mayor es,
debil y vieja
ya puede ver su vida terminar.
Una noche una silueta se le acerca
negra cual la noche
y de manos frías como el hielo.
Ella ya lo esperaba, así que no opuso resistencia.
Y solo, el instrumento se quedó,
de nuevo,
solo, por toda la eternidad,
sufriendo el castigo de no morir,
de no vivir,
a la busqueda de un sentimiento, que pudiera,
si quiera hacerle sentir algo.
Es un instrumento...
Los objetos no sienten, los objetos no viven.
Quizá, quizá así sea.
Quizá no lo hagan.
Mas quizá no sea verdad,
puede que debamos abrir los ojos,
nuestra alma, cambiar la forma de ver
un simple objeto, un simple ser.
Algo que existe.
Algo que nos brinda su existencia.
Como este instrumento,
instrumento que por si mismo no es capaz de ser util.
No es capaz de servir a nadie.
Pero unido a alguien, realiza su función.
Dar vida, dar esperanza.
Ese instrumento de la tierra.
Ese instrumento del corazón.
Esa cosa que llammos corazón.
Quizá sea hora de cambiar la forma de verlo.
Quizá sea el momento de despertar y movernos,
hacia el nuevo día que nos brinda
este presente magnifico,
que llamamos vida.
Vida... en el fondo,
sin un corazón,
no podriamos vivir,
vivir,
Aún así hay gente que vive sin corazón.
Y viviran
mientras nosotros no cambiemos la forma
en la que alimentamos su visión.
En la que vemos lo que creemos que es un corazón
morir,
morir ahogado por el orgullo de una vida vacia,
vacia de conocimiento y de sentimiento,
pero llena de arrogancia y de ira.
La ira que siempre cubre todo,
roja.
Roja como la sangre.
La ira lo recubrirá todo y la sangre con ella caerá,
a menos,
a menos que seamos capaces de cambiar nuestros instrumentos.
Nuestros instrumentos de la tierra.
Nuestros instrumentos del corazón.
Sirvamonos de la razón,
¿No?
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